junio 17, 2014

Reformas Políticas en Chile: ¿llave o candado?


Durante estos años se consagrarán reformas políticas de gran relevancia que incluyen demandas centrales como el fin al sistema Binominal o una Nueva Constitución. No obstante, estos cambios pueden ser o profundas transformaciones que nos pongan en un camino de democratización, o un candado que cambie algunos elementos para poder mantener lo sustancial alejado de la deliberación popular.  Lo que haga el gobierno y el movimiento social será determinante.

La Nueva Mayoría ha optado como estrategia para los próximos años, concentrar toda la “etapa reformista” en este 2014 y 2015, buscando centrarse luego en la proyección y continuidad electoral del conglomerado.
En ese marco han decidido dejar para el próximo año el trabajo legislativo en relación a la Nueva Constitución, ya que entre otras cosas –principalmente falta de consenso interno- se entiende que esta puede ser una buena salida para enfrentar cualquier conflicto social que se puede prever para el 2015.

Para la Nueva Mayoría, como para cualquier proyecto político que busca “destensionar” los conflictos de clase y en ello “recuperar el consenso social y la confianza en las instituciones y la democracia” –elementos que hemos escuchado como premisas desde los más viejos concertacionistas, hasta personeros de gobierno y nuevos integrantes del conglomerado- las reformas políticas son de gran preocupación, y quieren ser hechas en ese anhelado equilibrio entre el cambio y la continuidad.

La propuesta de Reforma al Sistema Binominal ha sido un claro ejemplo de ello. Más que avanzar abiertamente a una representatividad directa real, que no impliquen cuotas de poder concentradas en el duopolio, se opta por una reforma a medias que sigue manteniendo a los independientes ahora con menores posibilidades, no cuenta con un sistema proporcional total, y al no tocar aspectos como el financiamiento y propaganda electoral, mantiene el resultado  sujeto a la cantidad de recursos que cada candidatura cuente. Se abren opciones para que fuerzas hoy marginadas del parlamento lleguen a él, pero no para que el duopolio pierda su hegemonía y control.

Cálculos como estos cruzan todas las áreas. Dispuestos a abrir una agenda laboral, no hay intención alguna por asegurar mayor poder a los sindicatos logrando por ejemplo el fin al privilegio de los empresarios de poder reemplazar trabajadores en huelga, o instalar  la posibilidad legal de negociar por rama o con empresas mandantes y no subcontratistas. En el plano educacional la participación deliberativa de todos los grupos integrantes de los planteles educacionales no es parte de la agenda –y no quiere serlo-.

La Nueva Constitución puede que sea el corolario de estas reformas políticas con tinte a candado. Que lo que buscan es despinochetizar el sistema político actual, sin avanzar con ello a un sistema democrático participativo y deliberante desde las bases populares hacia el Estado, manteniendo la separación  entre este y la población.


Ante esto una cosa es clara, no podemos permitir que se pongan candados,  al contrario debemos velar por asegurar aperturas democráticas que ligadas a un programa político y social enraizado en un movimiento popular robusto, permita avanzar hacia cambios profundos en la sociedad.

Es clave que articulemos nuestras demandas en relación a un programa de  reformas políticas que sirvan como llaves, como aperturas que nos permitan ganar espacios de organización y decisión popular, que refunden Chile ahora efectivamente sobre los cimientos de un pueblo que es capaz de decidir y guiar los destinos de un país.


Nuestra agenda debe contemplar la discusión por la Nueva Constitución y la Reforma Educacional como momentos claves, que deben encontrarnos organizados y con ejes de propuestas enraizadas en el movimiento social, sabiendo que si el 2015 para ellos es el cierre de los procesos reformistas, nosotros debemos velar porque sea el comienzo. 

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