mayo 23, 2014

¡UNIDAD, UNIDAD, UNIDAD! … ¿PERO CUÁL? Breve reflexión tras el 21 de mayo





“¡Proletarios del mundo. Uníos!”
Carlos Marx

El problema de la unidad ha sido una preocupación constante en todos los procesos de articulación y lucha de los pueblos, y en Chile sin excepción, ha sido abordada por muchos incluso como una de las piedras angulares para explicar los avances –con unidad- o los retrocesos –falta de ella- que han tenido los procesos de cambio y los proyectos de izquierda en nuestro país.

Pero lamentablemente, el concepto de unidad en sí mismo poco nos explica en términos políticos un quehacer, y sin adjetivos o sujetos, esta unidad queda como un precepto del deber ser pero no una línea explicativa de una apuesta política específica.

Así, la unidad se manosea sin explicaciones claras ni análisis certeros de lo que es posible y necesario hacer a nombre de ella en cada periodo por el que atraviesa la lucha de clases.

Hoy, y debido a los desafíos por los que atravesamos y la necesaria hoja de ruta que todas las fuerzas se están trazando para los siguientes años,  es sumamente importante poner hincapié en el tema de la unidad como un problema político a abordar, ya que sin una problematización seria de ella, peligramos caer en análisis errados y por tanto líneas de acción ineficaces.

Y partiré con una afirmación probablemente poco popular entre nuestro sector: La unidad de las fuerzas de izquierda no es la tarea central en este periodo, ni tampoco lo que nos asegurará avances.

Tras las elecciones presidenciales y parlamentarias recién pasadas, el tema de la unidad tomó revuelo e importancia dentro de las distintas fuerzas de este lado de  vereda. En ello, existieron dos principales análisis que se  impusieron en el sentido común de fuerzas y militantes.   

El  primero, es el considerar que no se logró la unidad de las distintas expresiones de candidaturas de izquierda porque no existió la voluntad de las partes para que así fuera. La segunda, es considerar que los malos resultados electorales son razón de la falta de unidad existente, y por tanto debido a la dispersión que hubo de las distintas candidaturas de izquierda.

De ser correctas estas afirmaciones, no quedaría más que impulsar –y por lo demás confiar- en liderazgos políticos que tengan una “voluntad unitaria”, y junto con ello velar porque las fuerzas de izquierda generen puntos de acuerdo –programáticos y de acción- que permita ir avanzando en forjar esa articulación. Con eso, nuestros resultados serian mejores, y avanzaríamos.   

Pero el problema no es así de simple.

Las fuerzas de izquierda y su disposición para la unidad, son por sobretodo expresión del nivel de desarrollo político y orgánico de estas. Y la precariedad por la que aun atraviesa la izquierda es tan profunda, que pese a la voluntad de unidad existente esta depende por sobretodo de las posibilidades reales para avanzar en ello y de la existencia o no de fuerzas centrípetas que hagan atractiva y necesaria esa unidad

Si nos centramos en la unidad de las fuerzas políticas perdemos el foco, sacamos conclusiones erradas y trazamos tareas igual de disonantes. El problema de la unidad en este periodo, no puede ser visto sólo desde lo electoral, ni tampoco por tanto problematizado en base a los necesarios bloques, frentes, partidos o plataformas electorales que se requieren para esa contienda. Esa es una tarea, una labor, pero que se desprende y ha de ir acorde necesariamente –si de verdad queremos trabajar por un proceso revolucionario en Chile-  de otras tareas aun más urgentes.  

El problema de la unidad, para que efectivamente estemos avanzando en un proceso que asegure las verdaderas y profundas transformaciones estructurales para Chile, no depende de las articulaciones políticas de izquierda, ni la sumatoria de orgánicas –ya hemos visto decenas de experiencias como ellas donde la política niega las reglas básicas de las matemáticas ya que no necesariamente la unidad de las partes hacen más que las partes por si solas-, sino que es algo mucho más complejo pero elemental y consiste en la articulación y unidad del pueblo.

Marx como siempre, ya nos empuja a esas claridades. “Proletarios del mundo, uníos” aclamaba, y aquí nos confundimos y creemos que la consigna es “¡revolucionarios, militancia, partidos. Uníos! 

Para la Dictadura Militar una de las principales tareas no sólo fue el desmantelamiento  y  exterminio de las fuerzas militantes de la izquierda, sino que por sobretodo fue la desarticulación de la organización popular, buscando extirpar toda voluntad y posibilidad de organización en el pueblo. La verdadera perra para acabar con la leva no era un líder, un partido o el marxismo, sino que era la decisión de un pueblo por organizarse y la convicción que con ello se conquistaría un mundo mejor para sus familias.

Es ese el motor que toda revolución necesita. Y por tanto esa es nuestra tarea central: recomponer la articulación popular. Las fuerzas políticas, para que efectivamente puedan aportar a los cambios y la unidad de ellas valga la pena, deben ser expresión de fuerza. Fuerza que radique necesariamente en la organización de los sectores sociales claves para cualquier impulso de cambios radicales en el país.

En Chile, si no logramos tener sectores claves organizados, y entre estos articulados en torno a un proyecto por el cual luchar, difícilmente lograremos superar las precariedades por las que atraviesan las expresiones políticas de izquierda.

Por ello es tan relevante lo que se desplegó este 21 de mayo en las calles porteñas. Ya que logra poner hincapié en la unidad que hoy necesitamos:  unidad multisectorial, con una férrea inserción en espacios claves del mundo sindical, gremial, estudiantil, poblacional y de las luchas medioambientales, que permita pensar verdaderamente en robustecer un cuerpo con los pies bien firmes.

Esta es la unidad que nos permite proyectar a largo plazo la lucha en Chile.

Ahora bien, no hay que ser grandilocuentes ni autocomplacientes en los análisis. Si estas expresiones de unidad multisectorial se quedarán sólo en una muestra propagandística, claramente tampoco tendría las proyecciones necesarias. Por eso es clave cómo además se apunta y se trabaja en base a ejes programáticos sectoriales, que se proponen por sobretodo avanzar en el fortalecimiento de las organizaciones de masa y en ello abarcar cada vez más espacios carentes de organizaciones en los respectivos sectores. Aun falta mucho, la sindicalización es bajísima en nuestro país, hay miles de estudiantes sin organización en sus centros de estudios, poblaciones completas sin ninguna organización vecinal, y luchas por los bienes naturales que no logran enraizarse en toda la población afectada.

Pero esto nos marca la pauta de las labores que han de ser centrales durante estos años.

Han sido ejemplares, y eso es lo importante. Si dentro del Congreso se dio un discurso que busca trazar el camino del nuevo gobierno, en las calles porteñas se dio una señal del camino que debemos seguir estos años los que se disponen a luchar por las verdaderas transformaciones.

El movimiento de pobladores Ukamau, la Unión Nacional Estudiantil, el sindicato SITECO y Modatima han dado una señal y debemos seguirla. Una franja roja, que no niega ni oculta la lucha por el socialismo, y que a su vez entiende que hoy la principal responsabilidad es la organización de sus sectores y la conquista de los ejes programáticos que demandan, son aspectos que permitirán verdaderamente avanzar.

En este sentido nos iremos encontrando cientos de miles. No cabe duda.

Los problemas de expresiones políticas para otras contiendas no es eludible, eso es claro. Pero su impacto y aporte real, dependerá de la forma en que somos capaces de cumplir con el cometido de avanzar en mayores niveles de organización y conciencia.

Esa es la unidad que hoy nos llama. La unidad de espacios con férrea inserción en sectores sociales estratégicos, y desde ella el impulso de más organización, que nos permitirá proyectar y robustecer un proyecto de izquierda capaz de articular, y por tanto contribuir, a la lucha política en todas sus esferas y niveles.


Ahora y como siempre. ¡Manos a la obra!

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