La premura de tener avances antes del mensaje de este 21 de mayo, ha puesto toda la atención de estas últimas semanas a la propuesta de Reforma Tributaria que se discute en el parlamento. Presentada con bombos y platillos, anunciaba atacar la desigualdad y “hacer que los que tienen más paguen más y los que tienen menos, paguen menos”, terminó siendo un conjunto de medidas que no son más que un ajuste tributario, que no genera mayores cambios más allá de hacer cumplir con la Ley Tributaria vigente, marcada en gran medida por la evasión legal. Así, de gran reforma tributaria para enfrentar la desigualdad, pasó a ser una reformita que busca terminar con algunos abusos desmedidos tan comunes y legales en Chile.
Pero en el escenario político, marcado por las discusiones binominales, la única oposición clara que se ha visualizado de manera permanente a la reforma es desde la Derecha. Frente a ello, es aún más importante que a este lado de la vereda podamos también reflexionar y difundir nuestra mirada al respecto.
Para esto, y debido a que el debate tributario se plantea muchas veces desde lo árido del lenguaje técnico, debemos partir buscando entender cómo funciona el modelo recaudación chileno.
El sistema tributario actual
Básicamente la legislación se separa en leyes que buscan recaudar tributos, leyes que buscan franquicias y exenciones tributarias y leyes que regulan la administración tributaria.
En lo que concierne a la recaudación tenemos dos tipos de impuestos. Lo impuestos directos que gravan rentas y propiedades, y los impuestos indirectos que se gravan a través de consumo y de Impuestos Específicos. En Chile el 51% de los impuestos recaudados vienen de los impuestos indirectos, mientras el promedio de la OCDE se encuentra en un 32%, Chile es el que más recauda por IVA entre dichos países. De esta forma podemos decir que no es el Cobre el sueldo de Chile, sino que el IVA aportado por la gran mayoría de las personas de este país que, a diferencia de las grandes empresas y sus dueños, no podemos gestionar su pago o “eludirlo”.
¿Qué genera esto? Mayor desigualdad y concentración de riquezas.
El índice GINI, porcentaje utilizado para medir la desigualdad donde 1 es prefecta desigualdad y 0 perfecta igualdad, normalmente tiene grandes saltos cuando es medido antes y después del pago de impuestos. Con el sistema tributario chileno, este índice no sólo se mantiene casi igual antes y después de los pagos tributarios, sino que además nos posiciona como el segundo país más desigual de la OCDE después de Irlanda, si se considera el efecto redistributivo de la carga tributaria. Antes del pago de impuestos el coeficiente de Gini para Chile es de 0,526 y después de impuestos 0,501, por tanto la estructura tributaria hoy contribuye a mantener la desigualdad.
Junto con ello, es difícil explicar cómo la mayor recaudación viene por impuestos indirectos en un sistema integrado cuando la concentración es tan alta que sólo 12 fortunas líquidas de los multimillonarios chilenos, -presentes en la lista Forbes el año 2013-, equivalga al 15% del PIB y, cuando ese 1% más rico concentra el 31% de los ingresos. Con estos niveles de desigualdad y acumulación lo primero que se debería venir a la cabeza, si es que se quiere hablar de reforma, debería ser integrar al sistema tributario un impuesto al patrimonio
Sumado a lo anterior, figuras como el FUT y un sistema tributario integrado permiten que las grandes fortunas puedan esquivar impuestos. El Sistema Integrado –únicamente existente en México y Chile- permite que las personas dueñas de empresas reduzcan sus pagos de impuestos considerablemente. En palabras de Michell Jorrat -director del Servicio de Impuestos Internos-, el impuesto a la renta de las empresas está integrado con el impuesto a la renta de quienes son los propietarios, socios o accionistas de tales empresas, lo cual les permite asumir al Impuesto de Primera Categoría como un crédito contra los impuestos a la renta que corresponde pagar a los individuos antes indicados por las correspondientes utilidades distribuidas o retiradas. De esta manera el crédito es susceptible de devolución, si la obligación personal es inferior al impuesto que adelantó la empresa.
Y con el FUT la historia es similar, al permitirle a las empresas no pagar impuestos mientras no retiren utilidades con el argumento de fomentar la inversión y el desarrollo del país, se produce una gran evasión de impuestos, dado que, el sistema tributario en Chile permite pasar por costes dentro de las empresas ítemes de uso personal de sus dueños. Por lo tanto, los $ 276.000 millones estimados en el FUT que supuestamente están invertidos en las empresas, no sólo no pagan impuestos, sino que lo más probable que importante parte de ellos no exista como inversión real.
Así vemos al IVA como base mayoritaria de los ingresos tributarios, y por tanto gravando principalmente a las clases trabajadoras y de menor ingreso del país de manera directa e indirecta, acompañando a mecanismos que permiten elusión como el FUT y el sistema Integrado, se visualiza un escenario que presenta a Chile con un sistema tributario que dista de buscar la equidad, actuando incluso en contra de ella.
Esta situación ya es inaceptable, pero si junto a ella nos vamos a los impuestos específicos, especialmente los mineros, la situación es aún más injusta, ya que a pesar del impacto medioambiental y extinción de recursos valiosos que generan las actividades extractivas, sólo existe royalty para algunas de ellas con aún mayor facilidad para “eludir” impuestos. La primera Reforma Tributaria de la Concertación -la ley 18.985 de Junio de 1990-, aumentó el IVA desde el 16% al 18% y a cambio liberó de impuesto a la renta a las mineras extranjeras, ya que este sólo se paga en el caso que las empresas tengan o declaren utilidades. Según un informe del S.I.I hasta el año 2003 ninguna de las grandes empresas mineras extranjeras pagó un solo peso de Impuesto a la Renta, salvo Minera La Escondida.  Las empresas mineras, gracias a la estructura fiscal vigente, pueden operar ajustando sus balances y “no tener utilidades” mediante amortizaciones aceleradas, ventas de futuro, disminución de los contenidos en los concentrados de cobre, entre otros.
La propuesta del Gobierno
Este escenario de injustica exige, -para que efectivamente tengamos una reforma tributaria que aporte a combatir la desigualdad y las injusticias del país-, que se tomen por lo menos las medidas de terminar con el sistema integrado, aumentar el impuesto a la renta de los más ricos y sus empresas, incorporar impuestos al patrimonio y hacerse cargo de la necesidad de establecer por lo menos royalty reales para las actividades extractivas.
¿Hay algo de eso en esta Reforma? Nada.
Es una reforma que no toca lo sustancial, y que a su vez trabaja soterradamente buscando compensar las medidas que impliquen mayores pagos por parte de los ricos y poderosos.
Efectivamente hay medidas correctas pero sin una relevancia estructural o con abiertas compensaciones. Las mayores atribuciones al SII es para hacer cumplir la ley no para avanzar a un nuevo sistema de tributación. La eliminación del FUT, que siendo algo sumamente necesario, ataca la elusión pero no aumenta necesariamente los tributos desde los que tienen más ingresos, en la práctica la eliminación del FUT es sólo una medida de reparación de una fuente de robo fiscal legalizado, que además se compensa con otras medidas llamadas de “amortiguación” de algún modo avalando al Estado como garante de la evasión tributaria.
El aumento de un 25% a 30% el pago desde las empresas va acompañando de la disminución del 40% al 35% para el rango de mayores ingresos lo cual es inaceptable y carece de argumento más que una compensación al empresariado. El incentivo de ahorro a las personas mediante el fomento a la compra de instrumentos financieros, crédito por compra de activos fijos y la figura de depreciación instantánea sólo apuntan a estabilizar las bases de un sistema capitalista con foco en el desarrollo del comercio por sobre el de las personas.
Y si de mayor recaudación de trata. En una país donde su economía está centrada en la extracción de materias primas, casi en su totalidad privatizadas, lo lógico sería buscar las fórmulas para que esas empresas compensen sus privilegios con una alza de pagos tributarios. Pero nada de eso, las fuerzas poderosas tras la “Nueva Mayoría” han hecho saber cuáles son sus nichos intocables.
Sabemos que prometedores titulares pueden seguir siendo abordados desde una perspectiva neoliberal, y eso pareciera ser lo que se apuesta en este gobierno. Tendremos un mero ajuste tributario con el silencio cómplice de los sectores a la izquierda absorbidos e invisibilizados dentro la Nueva Mayoría, que no han hecho más que destacar los buenos titulares dejando bajo la alfombra las concesiones y omisiones.
La Reforma Tributaria sigue siendo un tema enclaustrado entre los muros del tecnicismo y marcado por el desinterés, llena de epítetos rimbombantes que buscan esconder las falta de preocupación por una real sociedad de derechos con las personas como centro y un Estado garante de ello. Si el actual y los venideros gobiernos quieren seguir presentando titulares programáticos para construir una sociedad servil a la recomposición neoliberal, en los siguientes proyectos esta vereda, la del movimiento social anticapitalista, va a sonar más fuerte, y los resultados serán totalmente distintos.
La Reforma Tributaria propuesta, más que reforma es el perfeccionamiento de un sistema que pareciera buscar perpetuarse pese al rugir de las calles. Después de las discusión en el Senado, mayores son las posibilidades que sean aun menores los cambios al sistema. Y más allá de las voces disonantes dentro de la Cámara de Diputados, esta será una de las medidas de gobierno con mayor facilidad de desviar de su contenido real. Las siguientes serán las determinantes ya que no podrán confundir con grandes cifras y palabras complejas.
La Reforma Tributaria confirma las características de la Nueva Mayoría como un proyecto incapaz de tocar las cómodas reglas entregadas al “Capital”, con políticas tipo placebo social que pintan de “Reformas” medidas que apuntan a cambiar algunas cosas para dejar todo tal cual ya está.