mayo 16, 2014

¿DEBATE SOBRE LO PÚBLICO O CÓMO REPARTIR LA TORTA?

Publicado en Revista Punto Final


Comenzado el debate sobre la reforma al sistema universitario, se ha obligado a todos los sectores y actores – ¡en buena hora!- a pasar de la discusión de consignas y principios, a la de contenidos y propósitos. En este contexto, y producto de las declaraciones de las presidentas de la Federación de la Universidad Católica y de la Universidad de Chile, quienes en marzo afirmaran que la PUC no debiera recibir fondos públicos por su carácter confesional,  se abrió un candente debate sobre el significado de lo público, y en definitiva sobre el destino de los recursos del Estado. 


Así, el debate sobre la definición de lo público se ha tomado la agenda de la reforma. Por una parte, las universidades privadas plantean que todas aquellas que tienen un “sentido” y una “misión” pública deberían ser financiadas, mientras el gobierno argumenta que aquello debe ser evaluado por medio de una acreditación. A su vez, las “universidades estatales”, sin hacer autocrítica de su actual funcionamiento, se autoproclaman como las instituciones públicas por derecho y hecho.


Entre subterfugios argumentativos, en definitiva lo que hoy está en disputa para ser definido es quién se lleva la mejor parte de la torta a repartir. El compromiso de financiar durante este periodo de gobierno al 70% de los aranceles de los estudiantes más vulnerables,  hace que estemos hablando de cuantiosas sumas.


Y sabemos que esta historia peligra a no terminar muy bien, ya que en vez de existir un cambio de rumbo, una gratuidad con transferencias a privados en base al argumento que estos también pueden cumplir con las labores públicas, puede venir a sanar las grietas que los estudiantes produjeron al  consenso neoliberal y reinstalarlo.


Lo cierto es que argumentos más argumentos menos, sabemos que lo público no es un concepto unívoco ni estático, y que todos pueden llenarlo de definiciones distintas en relación a sus intereses, que en su mayoría disfrazados de “interés público” o “bien general”, terminan respondiendo al bloque dominante.


Y si es por pelear la torta, los estudiantes deben entrar de manera certera a dicho campo de batalla, pero para revelar los intereses en juego y  no perder de vista dos preocupaciones: Por una parte,  la necesidad de resolver a miles de familias la carga que implica el pago y endeudamiento por estudiar y, por otra,  la necesidad de cambiar la brújula y dejar la ruta trazada para tener un verdadero sistema público, robusto y mayoritario, garante de derechos, de excelencia, con pertinencia social, sin lucro y obviamente gratuito, teniendo en esa ruta cada vez mejores capacidades de organización, movilización e incidencia política.


Si para construir el Chile neoliberal el mercado irrumpió en todos los espacios de la vida social y económica, hegemonizando la educación y entrando incluso a desmantelar las instituciones educacionales estatales,  hoy debemos hacer lo contrario. Que el Estado recupere sus espacios, y que entre a disputar los del mercado, pero no como salvavida y mero inyector de recursos, sino que como un Estado que, acompañando de aperturas democráticas y condiciones de lucha y movilización social, pueda ser en definitiva disputado y conducido por la población.


Lo público como lo estatal y democrático debe ser una premisa en la actualidad. El robustecimiento de las universidades del Estado para constituirlas en verdadera educación pública y por tanto como el sistema reformado ejemplar, una tarea principal. Pero también, los criterios para una transición de universidades privadas a universidades públicas y por tanto de entrega de recursos a estas, una táctica que el movimiento estudiantil no puede obviar y que al contrario, debe saber aprovechar para abrir nuevos frentes de disputa sin dar ningún paso atrás en la certeza que no hay derecho social garantizado que pueda convivir con el mercado.


Hoy es tiempo de generar condiciones para que el pueblo se tome la educación, entendiendo que esto es siempre una cuestión de correlación de fuerzas. Los poderosos y privilegiados de siempre saben que la reforma educacional será una de las batallas más definitorias en este periodo, y se están preparando. Lo bueno, es que los estudiantes también. 







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