abril 07, 2014

Asamblea Constituyente en Chile: ¿Y si fuera mañana?



Gracias a las movilizaciones de los últimos años y la creciente pérdida de confianza desde el pueblo hacia las instituciones, la demanda por una Asamblea Constituyente llegó a la agenda pública nacional.

Algo que no había logrado posicionarse con fuerza pese a los años que llevaba siendo trabajada por múltiples sectores, encontró el momento propicio para hacerlo, llegando a ser un tema prioritario en la mayoría de los movimientos sociales y referentes políticos, siendo compartida incluso por cuatro ex candidatos presidenciales, cinco ministros del actual gobierno y varios parlamentarios.

El Mercurio, cumpliendo con su rol de custodio del modelo, marcó la pauta para la derecha señalando que un mecanismo como este hace arriesgar irresponsablemente el “equilibrio institucional”. A un mes de esas afirmaciones, otro custodio llamaba a no fumar opio. Así,  en todo este proceso de posicionamiento de la Asamblea Constituyente, el debate ha girado principalmente en torno a su necesidad y viabilidad, y cada una de las críticas que han levantado nefastos protectores del modelo como estos, se han rebatido con fuerza y multiplicidad de argumentos.

Pese a ello, hasta ahora las filas en la Nueva Mayoría parecieran estar cerradas frente a esta opción. Por un lado, Ignacio Walker considera que “institucionalmente” no es posible.  Guillermo Teillier por el otro, propone una comparsa participativa de “asambleas ciudadanas” que acompañen la elaboración de la nueva constitución hecha en la parlamento. La Presidenta pasa, titubea y finalmente lo delega a un equipo de expertos.

Pero tal como se ha demostrado,  gran parte de la agenda de los gobiernos depende de la fuerza social y política que se logre impulsar, y este escenario aparentemente ordenado, presenta múltiples señales que nos permiten afirman que una Asamblea Constituyente no está desechada. Una nueva constitución es inminente y no depende de este lado de la vereda, pero puede ser que la forma en que esta se elabore sí.

Como izquierda ante estas situaciones siempre hemos tenido el problema que cuando pareciera que nuestras demandas son vanguardia, rápidamente otros toman la delantera, se apropian de las consignas y las llenan de un contenido con el que nunca estuvimos de acuerdo, pero sobre el cual tampoco habíamos pensado.

Si la Asamblea Constituyente se convocara mañana, se haría bajo sus reglas. Una elección de los constituyentes con el mismo sistema electoral actual, con la participación mayoritaria de militantes de los partidos de siempre, con un debate enclaustrado y lleno de marketing político, pero sin un contenido claro ni vinculado a las problemáticas y preocupaciones de la población. En definitiva, tendríamos una constituyente alejada del pueblo, al igual como hoy lo está el parlamento.  

Tal como la Educación Gratuita no implica necesariamente el fortalecimiento del sistema público; una Asamblea Constituyente tampoco asegura una Carta Fundamental que ayude a cambiar el  curso de nuestra historia.

Ante este escenario, podríamos asumir la cómoda línea de mantenernos al margen o incluso cómplices por no empujar los carros de la historia. O bien, podríamos hacernos cargo.
La Asamblea Constituyente es un camino a transitar para alcanzar un objetivo. Por consiguiente, debemos también dotarnos del horizonte, y discutir sobre el contenido con el que esperamos dotar esa Nueva Constitución. 

Nuestra unidad no puede darse sólo para abogar a un ejercicio plenamente democrático, sino que también debe darse en torno a la necesidad de refundar el país en base a una nueva hoja de ruta. El rol y carácter del Estado y sus poderes, la jerarquía y aseguramiento de derechos, deberes y libertades, la propiedad privada y pública, son algunas temáticas que deberemos abordar, logrando articularlas con las demandas económicas y sociales que durante años se vienen levantando. Sólo así podremos enraizar la necesidad de una nueva constitución, y en ello elevar su elaboración a un proceso de empoderamiento popular.

Deberemos también, -velando que sea efectivamente un proceso democrático y que involucre un debate profundo en la población- elaborar la modalidad que queremos para llevarla a cabo;  el tipo de padrón y sistema electoral a utilizar, reglas para los candidatos constituyentes, formas de participación, discusión, resolución y tiempos estimados, son algunos de los aspectos a atender.  
Si bien la preocupación sigue puesta en lograr que sea una Asamblea Constituyente la forma en que se elaboraré la Nueva Constitución, no debemos perder de vista que si nos quedamos solamente en la defensa del mecanismo democrático en sí mismo, vendrán los demócratas de siempre a hacerla como ellos quieren y a escribirla como se les antoje.


Para no ser tribuna, comparsa o cómplices –en este y muchos otros temas- , estamos obligados a desprendernos de nuestras incapacidades y demostrar que sabemos hacer lo que nos proponemos. 

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