noviembre 18, 2013

PERSEVERAR PARA TRIUNFAR


No somos de los que buscan victorias morales. La certeza que la verdad y la crítica han de ser siempre parte de los análisis para que como izquierda podamos enfrentar la realidad y transformarla, es un precepto que llevamos hasta el final con nosotros.  

Electoralmente en el ámbito presidencial nos fue mal, bajo lo mínimo esperado. El 50% de desconocimiento de nuestro candidato se dejó sentir en espacios donde no fuimos capaces siquiera de marcar un punto, siendo al contrario las zonas más centrales y pobladas donde nos aceramos al piso mínimo del 5%, que como izquierda podíamos esperar en  reflejo de la existencia de una plataforma que podía posicionarse como alternativa política para el sector.

En las votaciones de senadores, diputados y cores los resultados fueron mejores que en las presidenciales, pero aun así bordeando solo los 200.000 mil votantes.

Queda durante esta semana hacer un profundo análisis de las causas y desafíos que de esto se traduce. Por ahora solos dos aspectos que creo necesarios destacar, y que permiten poner la mirada al futuro, y por tanto levantar la frente y seguir caminando.

El activo político social que no logra ser fuerza electoral   

Hay un hito de alta relevancia para sacar conclusiones preliminares sobre aspectos importantes. El acto de cierre en Santiago congregó a alrededor de 50.000 personas –datos entregados por carabineros y lejos, por sobre cualquier otra candidatura-, el de Valparaíso congregó alrededor de 5.000. Y quienes estuvimos allí no tenemos duda que era una congregación de personas que votaban por esta alternativa. Convocados más por el candidato que por los grupos musicales, más por el movimiento Todos a la Moneda, que por buscar un espacio de distención.

Esas congregaciones multitudinarias tenían aire de victoria. Y sin lugar a dudas que fueron hitos históricos que marcan el desarrollo de una fuerza germinal que está dando recién sus primeros pasos. Pero nunca fue la expresión de la punta de un iceberg, ni un piso mínimo electoral desde el cual nos estábamos proyectando. Esas personas ahí  reunidas, eran casi toda la fuerza que se logró convocar en esas zonas. Ni más ni menos.

A lo largo de Chile lo que esta candidatura, y el movimiento Todos a la Moneda logró impulsar, fue la articulación de un activo político social huérfano, que por años ha impulsado con certeza que el ropaje más importante de una alternativa de izquierda verdaderamente revolucionaria es la fuerza y construcción social que se levanta contra las duras consecuencias de estos casi 40 años de neoliberalismo, pero que busca a su vez con ansias la construcción de una alternativa política que con dicho ropaje se levante con firmeza para impulsar no solo denuncias y resistencias, sino que también grandes transformaciones.  

Aglutinamos a un activo político y social que nunca dejó de creer y que se logró encontrar con muchos que empezaron a creer por primera vez.

Se logró una increíble columna vertebral; activa, valerosa, con una voluntad y despliegue marcados por el esfuerzo y entrega desinteresada.  Pero sin ser poco, para la contienda electoral fue claramente más que insuficiente. Fue solo eso: una columna, incapaz de enraizar y sumar a sectores que sin ser fuerza activa, pudieran confiar en este proyecto.

La alternativa levantada permitió la confluencia de miles de activistas político-sociales a lo largo de Chile, pero no logró junto con ello, dar confianza a los votantes.

Quedamos en un buen pie para empezar a  construir una fuerza político social  que aglutine a los espacios en lucha. Que mire y vele por la unidad de las otras alternativas y votantes programáticos que compartimos los mismos horizontes, y comience –al calor de las grandes batallas que nos deparan estos años- a unificar y articular espacios y programas.

Pero quedamos en mal pie para la expresión de esa fuerza político social como una alternativa electoral y por sobretodo, como una alterativa que entregue la confianza necesaria a nuestro pueblo para encontrar aquí la llave de los cambios.

Nunca hemos creído que la fuerza electoral sea la que nos permitirá alcanzar las grandes victorias. Al contrario; sabemos –tal como lo demuestran estos últimos años- que las urnas pueden pesar menos que las voluntades activas en las calles. Pero cuando decidimos combatir por el sentido común, ganar mentes y corazones, la columna de hombres y mujeres no basta, siendo urgente conquistar más voluntades en todos los frentes. Y en esto hoy no lo logramos.  

Para la construcción de alternativa tenemos aún la cuesta muy empinada, y las autocríticas y críticas concienzudas a nuestro despliegue, más el duro reflejo de una sociedad presa de las manipulaciones mediáticas, el temor, conformismo y desencanto, nos pondrán las tareas claras que estos años deberemos impulsar.

Por ahora la centralidad es clara: si hay un activo tan firme y dispuesto, debemos potenciar esas fortalezas. Para que con ellas podamos derribar las debilidades. Fue un voto militante; falta mucho aún para un voto de masas.  

Las transformaciones exigidas

Mirar de frente el horizonte de la fuerza a construir es entonces, una de las principales preocupaciones. Pero por sobre todo, poner atención en el escenario en que nos deberemos desenvolver estos próximos años.
Ninguna de las dos candidaturas que pasa a segunda vuelta, lo ha hecho explicitando su verdadero programa. Y la próxima presidenta de Chile –Michel Bachelet- junto con guardar permanentemente silencio, ha tenido que hacer concesiones ambiguas a una población que desea efectivamente cambios relevantes en torno  a la garantía de derechos sociales básicos.

Esas batallas serán  las que marcarán los próximos años. El votante se ha izquierdizado en temas programáticos, obligando a nivel discursivo a todas las candidaturas que antes defendían abiertamente el neoliberalismo, a por lo menos tener que silenciarlo. Si a esto le sumamos la deslegitimación general por la baja cantidad de concurrencia a las votaciones –la menor en la historia reciente de presidenciales estando por debajo del  50% del padrón electoral-   auguran momentos de importantes fisuras y rearticulaciones políticas, que implicarán durante estos próximos 4 años, cambios sumamente relevantes en el escenario nacional.

Será un gobierno tensionado. Donde los silencios de la campaña en términos programáticos, amenazan con ser un inmovilismo político que será presa fácil de lo que las calles vayan impulsando, y que pondrá a prueba a los candidatos parlamentarios que desde el movimiento social, y/o a nombre de él lograron sumarse a una silla parlamentaria.

Será importante que la voz la siga teniendo la calle. Ya que si esta no ruge firme, los financistas de la campaña de la próxima presidenta pesarán más que cualquier intento de tensión interna que los sectores progresistas busquen impulsar.

Lo que no puede ganar es el silencio. Y a cambio de él, tampoco puede imponerse la voz de la próxima presidenta. Ha de ser el grito firme de las grandes demandas de nuestro pueblo, de los sectores movilizados, lo que permita impulsar transformaciones que sean fiel reflejo de los principales cambios sociales y políticos que Chile necesita.
***
Esto está escrito a pulso y a solo horas de los acontecimientos. Análisis numéricos para las buenas y malas noticias han de estar durante estos días. Por ahora, reafirmar que estos resultados no nos demuestran que estemos equivocados en los anhelos, ni en nuestro programa. Lo que demuestra es que se es aún débil para grandes batallas que tienen como horizonte los verdaderos cambios.

Nunca nadie dijo que sería sencillo.

Por ello debemos perseverar para triunfar.  




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