noviembre 14, 2013

EL VIA CRUCIS DE LA DERECHA

Muchas veces se suele decir que cuando las cosas van mal, posiblemente pueden ir peor. Pues bien, que mejor frase para reflejar las dinámicas que hoy por hoy atraviesa la derecha oficial de nuestro país, principalmente la UDI y RN. Basta que cualquier ciudadano de Chile se detenga unos pocos minutos a mirar y analizar -aunque sea superficialmente- los discursos, las declaraciones, las apariciones públicas y la campaña electoral para notar el desorden y la dispersión, las abiertas y fratricidas rivalidades, y las duras y encarnadas disputas, que se cierra con un impotente derrotismo frente al escenario electoral que se avecina.

Al impulso inicial de sus  primeros meses de gobierno en el 2010, -teñido de tragedia nacional por el terremoto y luego por un efímero exitismo tras el rescate de los 33 mineros-, le siguieron una serie de situaciones y enredos que, una tras otra, llevaron lo mal, a lo peor. Los conflictos de interés y la turbia mano de Piñera y asociados en la compleja salida de Bielsa de la selección chilena, fueron la antesala de movilizacionesy luchas sociales que sin tregua coparon la agenda. Magallanes, Hidroaysén, los Estudiantes Secundarios y Universitarios, los Movimientos por la Diversidad Sexual, las Asambleas Ciudadanas de Calama, Freirina, Chiloé y Tocopilla, la Lucha Mapuche, los Profesores, la lucha de Aysén, los Empleados Públicos, los Subcontratistas del Cobre, los Trabajadores Portuarios, los del Registro Civil, del Transantiago, Correos de Chile, entre muchos otros, fueron dando la batalla por colocar en el centro del debate público y de las políticas nacionales sus reivindicaciones y sus proyectos, al punto que cada una de estas luchas, históricas por su carácter, sus alcances y su despliegue,dejaron sin rumbo al gobierno y a la derecha, y  de paso develaron ante el país sus verdaderos intereses y contradicciones,demostraron en los hechos lo artificial del supuesto gobierno de excelencia.

Aun así, y como pudimos ser testigos, la derecha ni con cortinas de humo, como el caso bombas, o políticas públicas con gran despliegue comunicacional, como lo fue la ley del postnatal, pudo desviar la atención de dicha situación, pues las movilizaciones eran más fuertes y en definitiva fueron las que le marcaron la pauta de todos estos años. Esto claramente fue dividiendo aguas entre la UDI y RN. Los más reaccionarios de ambas tiendas deslegitimaron hasta la saciedad las movilizaciones, buscando aplicar mano dura en todo momento;otros algo más astutos buscaron cooptar y e intentar redireccionalizar las demandas, lo que contrariamente fue generando más fricciones al interior del conglomerado; mientras que no pocos quedaron inmovilizados ante los acontecimientos. Lo cierto es que toda esta situación al iniciarse la campaña presidencial no hizo más que agudizarse. La escandalosa lucha fratricida para elegir candidato presidencial, que por hoy está casi abandonada a su suerte; la mezquina y errática definición de sus plantillas parlamentarias, donde Luciano Cruz Cokeresultó un disparo en los pies;el debate de la posible candidatura de Piñera para el 2017; y por último, el clima social, cultural y político tras los 40 años del golpe de Estado y de los 25 del triunfo del No que llevaron a Piñera a emitir primero duras declaraciones contra los cómplices pasivos de la derecha en la dictadura y luego a dar cierre del Penal Cordillera,no ha hecho más que tener hoy en día a la derecha en el umbral de una crisis ideológica y política de magnitudes, pero que por ahora sólo la retrasa o contiene la campaña electoral y sus impredecibles resultados.

Asumido todo esto, la derecha sabe que perderá el próximo gobierno, ante lo cual su meta hoy no es el triunfo presidencial, sino que evitar bajar de su votación histórica y disipar el peligro de quedar tercera. Pero en definitiva, lo que más en estado crítico la tiene, es reconocer que perderá varios escaños en el parlamento y que con ello, ya no podrá asegurar desde sus propias manos la mantención del modelo heredado de la dictadura. Con esto va perdiendo su rol histórico, y con ello los grandes grupos económicos, e incluso los intereses norteamericanos en nuestro país, reafirman su confianza hacia la otra derecha camuflada -que ya dio pruebas de blancura durante cuatro periodos de gobierno-, la cual a todas luces ha podido administrar mejor el legado dictatorial que la actual derecha hoy no muestra atisbos de poder levantarse prontamente de su crisis. 

Lo paradojal de todo ello, es que a pocas semanas de estas importantes definiciones políticas en el país, la UDI y RN -ni con arcadas- asumen una postura unitaria. Cada uno de ellos está asegurando sus intereses; siguen las disputas y rivalidades; Piñera y su gabinete siguen su propia agenda, y su candidata presidencial recorre el país sola y sin mucho apoyo. Como se puede ver, ellos mismos ya han dado por muerto a este proyecto, demostrando por todos los medios que están ya derrotados.

Entonces, qué nos queda de esta breve exposición. Destacando que la lucha social y política de estos años ha servido para reconocer a los amigos y enemigos del pueblo, y ello ha permitido en este caso debilitar a la derecha oficial que está en el poder, al punto de llevarla a vivir la agonía de una crisis inminente, deberemos poner atención en quienes con otros ropajes políticos, dentro de la Concertación -devenida en Nueva Mayoría-, buscan camufladamente realizar la labor inconclusa de la actual derecha en el poder.

Al contrario de como iniciamos este escrito, parece ser que la lógica aquí se presenta dramáticamente al revés. De haber atravesado lo peor de su momento al perder el gobierno en el 2010, hoy a través de rejuvenecidas caras y discursos –que esconden a los más oscuros personeros tras bambalinas- , esta derecha no oficial vuelve a la carga. Nos convocan a derrotar todos juntos a la derecha, cuando en realidad ya está derrotada y entrando en una profunda crisis. Nos llaman a identificarla con Pinochet y su obra, cuando ellos la han perfeccionado a grados increíbles.


La derrota real no vendrá  por sacar sus caras y sus partidos del actual gobierno, sino que se obtendrá cuando logremos sacar su modelo de nuestra sociedad. Y eso no lo harán quienes lo han mantenido y se han beneficiado de él por décadas, sino que nuevamente tendrá que ser la fuerza social y política del pueblo desplegada en toda su magnitud y en diversos frentes, la que construya un nuevo proyecto histórico para Chile, recuperando la esperanza y confianza en nuestra propia fuerza, y cambiando la realidad nacional de manera profunda para recuperar de una vez y para siempre todos los derechos y bienes que ya por 40 años se nos han usurpado.  

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