julio 27, 2013

A 60 años del Asalto al Cuartel Moncada nuestro compromiso es con Latinoamérica


“Han pasado sesenta años pero esta sigue siendo una revolución de jóvenes, como lo éramos el 26 de julio de 1973, como los que combatieron y cayeron en las calles de Santiago de Cuba el 30 de noviembre en 1956. Jóvenes los que participaron en las luchas contra las bandas armadas durante 5 años , jóvenes eran también los que derrotaron a los mercenarios en Playa Girón, los que se sumaron a la campaña de alfabetización, los que se incorporaron a las milicias, a las nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias y al  Ministerio del Interior. Jóvenes los cientos de miles de compatriotas que cumplieron misiones internacionalistas. Los que hoy prestan servicios de salud y educación hoy son en su mayoría jóvenes.
Esta seguirá siendo la revolución socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes (…) seguirá siendo una revolución de los jóvenes.

Raúl Castro.
26 de Julio 2013
60 años de los asaltos al Cuartel Moncada y Carlos Céspedes


¿Somos capaces los jóvenes de Chile dimensionar lo que se está tejiendo en nuestra América Latina? ¿Podemos traspasar las barreras geográficas, pero por sobretodo políticas, que nos alejan de lo que se gesta tan cerca de nuestras tierras, pero tan lejos aún de nuestra realidad nacional?
¿Nos hacen sentido estas palabras del Presidente Raúl Castro?

Los jóvenes tenemos un mandato; mostrar un camino y echarnos a andar. Tal como lo hicieron los grandes cubanos hace 60 años, tal como lo hiciera la gesta del comandante Chávez hace 21 años en tierras venezolanas y  tal como el pueblo boliviano lo hiciera también hace 13 en la poderosa guerra del agua.

Nuestra historia latinoamericana está marcada con fuego por las gloriosas gestas populares que han permitido hacer frente a las arremetidas imperialistas y neoliberales, pero también marcada por las duras derrotas que han permitido que se impongan modelos que difunden la desigualdad y la injusticia.

Desde uno de los países más desiguales del mundo, a casi 40 años de un golpe de estado que terminó de raíz un proceso de conquistas populares que llevaba décadas forjándose, tenemos un deber con una Latinoamérica tejida con el decoro de los mejores hombres y mujeres del mundo.

Pero contamos con una pared que aun pareciera distanciarnos de nuestra bella América.  

Nuestro deber desde esta juventud chilena que salió a las calles sin temor a luchar por derechos sociales tan básicos como la educación, esta juventud que a pesar de estar tan reprimida, silenciada y manipulada fuera capaz de cambiar la realidad nacional, abrir un nuevo episodio en nuestra historia y conquistar las mentes y corazones de los millones de chilenos, desde esta juventud hemos de mostrar un camino, y romper esos muros que nos separan de nuestra América.  

Dicho camino debe estar manifiesto sin vacilaciones ni tapujos, rescatando lo más bello y noble que se forja en tierras latinoamericanas y caribeñas, que son nada más ni nada menos que los principios del latinoamericanismo, el antiimperialismo y el socialismo.

Esos principios son los que han permitido unir a gran parte de nuestra América, que derrotaron al ALCA, que fueron capaces de impulsar acuerdos internacionales basados en la cooperación como el ALBA, que han levantado y fortalecido Petrocaribe, la Unasur y ahora último la CELAC.

Cómo no reconocer en la historia de nuestra América los grandes avances sociales de los procesos revolucionarios, las misiones internacionalistas, los millones que se han educado y que se ha sanado gracias a los avances y solidaridad de dichos países, el respeto a la paz y autodeterminación de los pueblo, y la gran resistencia a los designios que Estados Unidos tienen para este, su deseado patio trasero.  

No debemos tener miedo de poner horizontes a nuestras luchas, no debemos esconder el camino a transitar, y menos aún pecar por confundirlo, o por tomar atajos que solo llevan a los oscuros acantilados.

Pero por sobre todo, no podemos ser una juventud distanciada de los procesos que se viven más allá de  nuestro desierto y nuestra cordillera.

El corazón de nuestra América late firme. ¡Cuánto han sangrado nuestras venas latinoamericana tras estos últimos 60 años!, pero cuántos pueblos también han alzado su frente y dispuesto sus manos para conducir sus destinos.

No hay conciencia más libre que la que conoce el momento histórico que le está tocando vivir. No hay juventud más fuerte que la que reconoce en ella el futuro de su pueblo. No hay mandato más claro que el impulsado desde esa Cuba revolucionaria, que como ejemplo se transforma en  esperanza y certeza.

Nuestra generación ha visto la consolidación del proceso bolivariano, la conquista de un gobierno por parte de un indígena otrora discriminado, vimos también morir al comandante Chávez, y veremos lamentablemente partir también a Fidel y Raúl. Nuestros hermanos pequeños, y para que decir nuestros hijos, pueden tener derecho a no dimensionar la grandeza de estos hombres, y nosotros el deber de mostrárselas. Pero es imperdonable que una juventud como la nuestra, que tiene la posibilidad de cambiar la historia, no vibre por lo que pasa en las tierras de Bolivar y Martí.

Estamos en un punto de inflexión histórica, el imperialismo teje nuevos planes contra nuestros pueblos. Nosotros hemos de tejer la victoria y regalarle a esta América valerosa un nuevo país para transitar juntos por las sendas de la soberanía, la  igualdad y la solidaridad. Estos 60 años del Cuartel Moncada han de enorgullecernos, los 40 años del golpe han de aleccionarnos. Con la fuerza y los aprendizajes de la historia debemos ser capaces de abrazar los nuevos tiempos y las nuevas conquistas populares que nos exige nuestro presente.

Como juventud chilena o aportamos y nos comprometemos con toda América Latina, o solo seremos una caricatura de lo que realmente nos exige la historia.  









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