mayo 15, 2013

ES TIEMPO DE FORJAR ALTERNATIVA


Recibo el día de ayer una fotografía a mi celular y no podía reconocer si era de algún acontecimiento pasado, en otro país, o si efectivamente esas miles de personas en la plaza Soto Mayor de Valparaíso estaban congregadas en ese preciso instante. Las frases en exclamación de quien me la adjuntaba, me entregaron la magnitud de lo que estaba aconteciendo.

Dos salones repletos para lo que parecían ser esas conferencias de siempre, y la necesidad de realizar la intervención en la plaza pública ya que los más de mil estudiantes congregados no cabían dentro del pequeño espacio en el cual estaba pensada la segunda actividad, son hechos que no pueden pasar desapercibidos.   

Marcel Claude, candidato a Presidente apoyado por el Partido Humanista, como también por el Partido Izquierda Unida, el Maiz, Libres del Sur, entre otros, fue protagonista de un acontecimiento que no tenía data en nuestra historia reciente en estas tierras porteñas.

Fue un fenómeno lo de ayer, mérito de Marcel y su equipo de respaldo claro está, pero por sobre todo expresión del estado actual de las cosas.

Ante ello, boquiabiertos han de quedar quienes pregonan que es imposible forjar una alternativa anticapitalista, y que hoy es preciso "tensionar" a los mismos de siempre desde dentro. Todos ellos no han logrado palpar la subjetividad de la población, y lo diferente que es nuestro Chile tras el movimiento del 2011.

¿Qué pensarán con lo que pasó ayer en Valparaíso sectores consecuentes de partidos entreguistas? ¿No les duele un poquito el estómago si quiera el no estar con firmeza en la plaza pública, y tener que estar al ritmo de los dictámenes de los salones de negociación, dinero e infamia?

Con lo de ayer se subraya el manifiesto: es tiempo de forjar alternativa.

Las premisas que hoy ya son casi obviedades

Desde que irrumpieron las grandes movilizaciones sociales el año 2011 se lograron fraguar análisis que evidenciaban el inicio de un nuevo ciclo político en Chile. Sea por esa coyuntura social, o por cambios y tensiones soterradas que se estaban articulando de mucho antes, lo cierto e incuestionable es que la fisonomía de Chile cambió tras esa activación social.

Que vivimos entonces un nuevo ciclo caracterizado por una profunda deslegitimación del modelo político imperante, por un reacomodo de las fuerzas sociales y políticas y una voluntad por expresar de manera colectiva el descontento desde importantes sectores populares, es ya casi una obviedad.

Y no lo hemos dicho sólo los sectores movilizados y de izquierda. Los fundamentos de la construcción de una “nueva mayoría”, las preocupaciones de Ricardo Lagos y Ignacio Walker y los dichos de Camilo Escalona en defensa de la institucionalidad, son los broches de oro de este nuevo contexto.

También es casi una obviedad que desde el año 2014 estaremos frente a un escenario muy diferente, en el cual se buscará cristalizar un cierre de este nuevo ciclo político con grandes esfuerzos por contener y cooptar las demandas sociales para recuperar la gobernabilidad. La inédita y casi segura incorporación del Partido Comunista a labores del Gobierno si es que llega a triunfar Michelle Bachelet, marcará también un antes y un después en la trayectoria del movimiento popular. La represión masiva y selectiva, proyectos de ley que entreguen aperturas donde no importa y amarres donde sí, más las siempre conocidas formas de operar de los sectores de poder de la Concertación, será un escenario para el cual deberemos estar preparados.  

Así, serán nuevas condiciones de lucha a enfrentar para los movimientos sociales a partir del 2014, por lo cual el escenario 2013 marca indeclinablemente importantes desafíos. Lo que hagamos o dejemos de hacer este año será decisivo para enfrentar el próximo periodo ya sea desarticulados y con un movimiento social confundido, dividido y cooptado, o con una fuerza social activa, totalmente desenmarcada de los proyectos antipopulares de la socialdemocracia y de los sectores neoliberales y capitalistas, con horizontes propios y capaces de convocar a cada vez más sectores desesperanzados aun. 

Por ello es tarea de todos los que estamos convencidos de la necesidad de cambiar de manera profunda y para siempre nuestro país, y eso hacerlo en sintonía con los procesos de unidad latinoamericana, que este 2013 no dejemos que el ciclo político se cierre de manera favorable para los partidos de los bloques gobernantes, para el empresariado nacional y transnacional. Y que al contrario, comience un 2014 con bases sociales y políticas activas que funcionen como pilares para la articulación de una nueva alternativa.

Las tareas permanentes e insoslayables[1]

Ante este escenario, tras el 2011 y hoy con aún más urgencia en este año decisivo para la proyección del siguiente periodo de gobierno, tenemos tareas como izquierda y movimientos sociales en general que no podemos soslayar.

No son nuevas ni creativas, pero su énfasis nos permite no olvidar hacia donde caminamos, y no cometer algunas confusiones –muchas veces fatales- entre lo importante para la coyuntura, y lo irrenunciable para nuestros horizontes de lucha.

Este año, tal como el año de las masivas movilizaciones nos enseñara ya casi a la fuerza, que debemos hablar desde el centro de la plaza pública y no desde su margen, debemos convocar a los millones de chilenos y no sólo a los activos y convencidos de siempre. Debemos pelear con los verdaderos enemigos, discutir y proyectar el país que queremos construir, y comenzar a forjar una fuerza social creíble y verdaderamente capaz no sólo de remecer el sistema imperante, sino que sobre los escombros que quede de aquel, construir uno nuevo. 

La disputa ideológica al sentido común, es decir la lucha por convencer e involucrar a millones en la certeza que es necesario y posible cambiar nuestro país, que el tipo de Estado que tenemos, de mercado imperante, de relaciones de poder, la forma de propiedad, el uso de los recursos naturales, la Constitución y esta seudo democracia, son nefastas para todos los pueblos de Chile, es una de las tareas insoslayables. La gran batalla decisiva que se da en esos pequeños centímetros cuadrados que ocupa la mente y el corazón, ha de ser nuestra preocupación central. 

 Robustecer las organizaciones de masa, sociales y populares es otra de nuestras labores. Fortalecer el cuerpo del pueblo, esas organizaciones para cientos y miles, que son las únicas a través de las cuales podemos hoy defendernos, y enfrentar organizados los abusos de siempre. Las organizaciones y federaciones estudiantiles, la Confech como espacio estratégico. Los sindicatos y federaciones, la CTC como espacio de avanzada. Las juntas de vecinos, los centros juveniles, deportivos, los comités de allegados, la Fenapo como espacio articulador de estos. Los movimientos por la defensa de nuestros bienes naturales, las organizaciones del Huasco, Modatima al interior de Valparaíso, las organizaciones del Rio Maipo, y Mehuín como ejemplos y espacios de lucha inclaudicable. Las organizaciones de mapuche, aymara y rapanui, las asambleas y espacios de encuentro por la defensa de las ciudades, y tantos otros espacios de denuncia y movilización son hoy nuestros brazos y piernas que debemos cuidar y fortalecer, ya que sin ellos simplemente no podremos cambiar las condiciones actuales en nuestro país.

 Y por supuesto, otra tarea más que ha de marcar nuestra agenda este año, son el apoyo, impulso y proyecciones de cada vez más y mayores movilizaciones. Masivas en su demanda y apoyo son estas las que permiten ampliar los niveles de organización y conciencia, nos permiten ir conquistando pequeños y grandes triunfos, develando las limitaciones y principales enemigos de nuestras demandas. Lo que impulsen los estudiantes de Chile este año, las movilizaciones de los subcontratistas del cobre, de los portuarios y forestales, los sindicatos de grandes y pequeñas empresas que se levantan, las movilizaciones masivas por el agua, la descentralización política, y la defensa a los derechos humanos, deben ser las que marquen la agenda de todo Chile.

La coyuntura electoral y nuestro que hacer: Forjar Alternativa

Todo lo anterior –labores que no han de ser novedad para nadie con verdadera vocación transformadora- se da en este escenario electoral que no podemos eludir, y que al contrario, debemos ser capaces de enfrentar con decisión e inteligencia.

Hoy una apuesta en el plano electoral es necesaria, no en base a la ingenuidad que a través de la institucionalidad podremos cambiar Chile, pero sí en base a la certeza que hoy la disputa política y social debemos darla en todos los frentes, logrando construir ejes de esperanza para el descontento popular, que permitan visualizar una verdadera alternativa por la cual valga la pena levantarse y alzar la voz. En definitiva, un proyecto de transformaciones por el que se quiera luchar.

Enfrentar el escenario electoral con hombres y mujeres que desarrollen estas tareas insoslayables también desde la tarima del candidato. Que denuncien, movilicen y contribuyan a fortalecer las organizaciones. Que estén validados por el movimiento social, que sean expresión de este y proyección de sus anhelos. Que muevan a amplios sectores, politicen y disputen de igual a igual con los de siempre, con los de arriba, con los privilegiados. Que incomoden al modelo, que lo pongan en jaque, que los dejen en silencio.

Candidaturas que nos permitan robustecer las bases sociales y proyectar nuestras líneas programáticas, pero que a su vez comprendan con humildad que este camino está recién empezando, y que por tanto más que liderazgos estratégicos para nuevos partidos o movimientos, lo que necesitamos son liderazgos político sociales que logren hoy remecer a las masas con voluntad de movilizarse, y entreguen con ello horizontes de lucha cada vez más nítidos.

Candidaturas de a pie, que sin temor puedan salir a las calles, a las movilizaciones, a las plazas públicas.

Todo esto en base a la certeza que hoy estamos entrando a un nuevo proceso de construcción popular, donde nuestra principal labor será forjar una nueva alternativa.

Alternativa abiertamente anticapitalista y profundamente democrática, que devele sin tapujos las verdades encubiertas de nuestra historia nacional, que sea continuadora de las grandes transformaciones previas a la dictadura, que devele en esta los planes más oscuros de los grandes poderes mundiales, que identifique en el pacto para la “transición a la democracia” una de las traiciones y engaños más grandes por los que hemos atravesado, que demuestre sin tapujos lo derechista de la concertación, y lo arrodillado que se encuentra Chile ante los intereses económicos de los poderosos.

Pero que no mire solo al pasado, sino que también represente futuro. Que tenga como pilar el latinoamericanismo, la soberanía popular y antiimperialismo, que impulse la democratización real de nuestra sociedad, que no tenga temor en plantear la recuperación de nuestros bienes naturales y un uso responsable de estos, que  plantee con firmeza la garantía de los derechos sociales y un cambio en el tipo de Estado, que en definitiva no dude ni un segundo en pensar el país y Latinoamérica de nuevo, y construir algo totalmente distinto a lo impuesto por el capital y sus lacayos.

Alternativa que no se logra en poco tiempo. Hoy estaremos sentando las bases para ello, lo cual inevitablemente se hará desde diversos frentes, construyendo los pilares que han de forjar esta alternativa, que no nacerá ni de un veredicto, ni de elecciones, ni sólo de un líder. Ya que para el surgimiento de esta alternativa, verdaderamente revolucionaria, es condición previa la existencia de una base político social masiva y activa, con movimientos de masa robustecidos y con clara proyección política.

Con la mirada en estos propósitos es que debemos enfrentar las elecciones del presente año. Si perdemos dicho horizonte todas las propuestas electorales que puedan surgir al alero del movimiento social,  solo serán un espejismo de lo que realmente necesitamos.

Y finalmente ¿Es posible la unidad?

Desde finales del año 2012 muchos fuimos testigos y también partícipes de intentos por construir una alternativa electoral de manera unitaria. Reuniones y voluntades iniciales no faltaron, pero las condiciones nunca estuvieron realmente dadas.

La fuerza electoral que existe entre los sectores de izquierda es tan nimia aún, que las discusiones para levantar una unidad orgánica para enfrentar el proceso rozaban permanentemente el plano de la irrealidad.

Y hoy al parecer esa labor de unidad es casi imposible para este año, con tres candidaturas presidenciales –Marcel Claude, Roxana Miranda y Gustavo Ruz- ya en pie, los mecanismos y voluntades para emprender un proceso de unidad electoral no tienen ya cabida en los meses siguientes.

De no lograrse esta unidad para enfrentar la coyuntura electoral, deberemos entregar el máximo de nuestros esfuerzos por lograr al menos una alianza programática que coloque énfasis en las tareas conjuntas que hemos de enfrentar como movimiento social post elecciones 2013 para forjar una nueva alternativa.  

Un acuerdo político social entre todos los sectores que compartan las bases de dicha construcción, pese a nuestras diferencias tácticas, incluso con los sectores que pregonan la no participación en el proceso electoral para este año. Con todos quienes sin duda nos encontraremos en las luchas de hoy y mañana.

Si tenemos la capacidad y altura de miras para forjar un acuerdo programático, las bases para una nueva alternativa serán aún más sólidas. No debemos tener temor, ni ser nublados por los egos personales.  En estas elecciones presidenciales y parlamentarias no se juega el veredicto de quienes han de ser los líderes del mañana –serán las grandes batallas que aun debemos emprender las que lo dictaminen-, sino que estamos poniendo a prueba nuestra capacidad de proyectar alternativa real para nuestro pueblo, y en ello involucrar a cada vez más sectores en aquella ardua tarea.

Dicho esto, el candidato presidencial más necesario en el marco de esta coyuntura es quien sea capaz de convocar a amplias masas sociales activas, y más que mirar desde la vereda del frente, el llamado -querámoslo o no-, consiste en estar en el centro de la plaza pública.



[1] Ideas presentes anterioremente en el articulo: “Tareas para despertar a la izquierda. Ante los cambios del escenario político tras un año de movilizaciones”. Edición de Mayo 2012 Le Monde Diplomatique.

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