mayo 15, 2013

CHILE NUEVAMENTE DA CÁTEDRA DE MAL VECINO. La hitoria de detención de tres jóvenes bolivianos

Por varias semanas y a través de la prensa nacional, escuchamos cómo  desde el gobierno, desde analistas en relaciones internacionales, y periodistas de todo tipo se repetía la versión del ingreso a territorio chileno de tres militares bolivianos sin autorización y portando armamento de guerra. Esto –señalaban-, era una clara amenaza a nuestra soberanía, a la seguridad nacional e incluso al orgullo patrio.

¿Pero fueron realmente así como ocurrieron los hechos? ¿O será que tras esta frase aprendida de memoria por muchos, se esconde una realidad fronteriza –bastante común por lo demás- que se abordó de manera desproporcionada con otras intenciones?

Empecemos abordando dos realidades innegables.

Primero: los límites fronterizos si bien en los mapas se ven rotundamente claros, al momento de llevarlos a zonas abiertas, sin construcciones y por tanto entregadas a la naturaleza, se tornan altamente difusas. Colchane –zona en la que se desarrollaron los hechos- es una provincia del Altiplano Andino, la cual con poco conocimiento se torna una zona fácil para perder de vista qué es lo chileno y qué corresponde a territorio boliviano. Si a esto le sumamos personas que no conocen la zona, perderse no es cosa rara.

Segundo: el contrabando de todo tipo, y específicamente el tráfico de automóviles robados desde la Zona Franca del norte de Chile y llevados a territorio boliviano, es algo que ha ido en aumento. Tanto así, que las policías de ambos países han llegado a acuerdos para combatir este delito de manera conjunta. Evitar que se roben automóviles y los traspasen para su venta de un territorio a otro, es uno de los deberes asumidos entres las autoridades chilenas y bolivianas.

Dicho esto, veamos lo sucedido.

Los tres “militares” bolivianos, en realidad son tres jóvenes de entre 18 y 20 años que estaban cumpliendo responsabilidades como conscriptos. Es decir, en su servicio militar sin ser profesionales en el ámbito, y menos militares ya formados en las artes de la guerra. Son jóvenes que entre sus labores de formación los llevaron a cumplir funciones menores y de apoyo en la frontera. Por su parte, el “armamento de guerra” era un fusil de balas de salva que les fue entregado por un Sargento boliviano como medio de disuasión mientras custodiaban un automóvil robado.

¿Pero cómo llegaron efectivamente a estar en territorio chileno?

Todo partió por la llegada de unos contrabandistas al control fronterizo de Bolivia para ofrecer soborno con el objeto de lograr ingresar vehículos ilegalmente desde Chile. El sargento que estaba a cargo aquel 25 de enero del presenta año –el señor  Luis Quino- no aceptó el soborno y procedió a detenerlos.

En el proceso de detención –para lo cual solicita apoyo a los tres conscriptos bolivianos-  comienza una persecución a través de la cual logran dar con tres vehículos abandonados por los contrabandistas. En el intento de apresamiento de estos traficantes de automóviles tres de ellos logran escapar.

De los automóviles encontrados dos tenían las llaves, siendo incautados y llevados al puesto fronterizo ubicado a unos 6 kilómetros de la frontera chilena. En lo que respecta al tercer vehículo, se solicita a los tres conscriptos que queden cumpliendo las labores de custodia. Es ahí donde se les entrega el fusil por si es que existía una nueva amenaza por parte de los contrabandistas. 

Los tres jóvenes, con la convicción además de encontrarse en territorio boliviano, se quedan cumpliendo la labor que se les había encomendado. En el intertanto los contrabandista –delincuentes comunes que se benefician del robo de automóviles- hacen la denuncia de lo ocurrido en el puesto fronterizo chileno.

En ese momento se pone en marcha un enorme despliegue operativo por parte de Carabineros de Chile bajo la conducción de un Coronel, el cual termina con el apresamiento de estos tres conscriptos bolivianos y todo el proceso legal del que ya  sabemos.

Así se judicializa el incidente, inculpando a los tres jóvenes conscriptos bolivianos de porte ilegal de armas, pese a todo el contexto ya conocido, como también a la solicitud por parte de Bolivia de abordar esto por los conductos diplomáticos –tal como muchas otras veces se ha realizado-.

Pero en cambio el Gobierno chileno,  puso a disposición todas sus herramientas para buscar inculpar a estos conscriptos. Comenzó así la campaña de satanización, mostrándolos como una amenaza y parte de una provocación desde el Gobierno boliviano –cosa que claramente no era-,  e inician también –como ya se ha hecho costumbre en múltiples otras ocasiones- ha ejercer presiones al poder judicial entrampando un proceso que en estricto rigor o se abordaba por causes diplomáticos, o por el Ministerio de Defensa y por tanto directamente desde el Ejecutivo.

Ante esto además, hay varias cosas por lo menos curiosas. ¿Se habrán preguntado en este punto que pasó con los contrabandistas que entregaron las declaraciones a la policía chilena? Quedaron en libertad. ¿Qué ha pasado con los acuerdo en las relaciones fronterizas para contar con la colaboración mutua en la detención de delitos como el robo y contrabando? No se han considerado.

A esta altura ya no queda más que preguntarse ¿Por qué se llegó por parte del Gobierno chileno a este nivel de hostigamiento e irracionalidad?

No cabe duda, ante la desproporción en el accionar, las irregularidades y las presiones ejercidas al sistema judicial, que aquí por sobretodo, primaron intereses políticos –y de los más oscuros-. Somos uno de los países en América Latina que genera más enemistad en las relaciones fronterizas. Mientras muchos países avanzan en el impulso de relaciones solidarias con los territorios hermanos, Chile apuesta a estrategias de defensa y de provocación. Alta inversión en armamento de guerra, preparativos y ensayos militares, como también formación de las fuerzas armadas en principios nacionalistas basados en el odio hacia los países fronterizos -no olvidar el cántico xenófobo contra Perú, Bolivia y Argentina realizado en las calles por un grupo de la Armada de Chile que se encontraba en entrenamiento-, son muestras de situaciones no aisladas y que forman parte de la política de Estado –algunas abiertas y otras soterradas- que se impulsa contraria a todo principio de solidaridad y paz entre naciones hermanas.  

Lamentablemente esos discursos han calado tan hondo en Chile, que el Gobierno encontró en ello una buena fuente para aumentar la popularidad –o mejor dicho, disminuir el rechazo- mostrando dureza y firmeza ante las solicitudes de Bolivia que por lo demás no sólo son de acceso al mar, sino que también de respeto a los acuerdos de colaboración fronteriza que se han firmado.

Así se vio como una línea ascendente desde la CELAC –donde Piñera respondió de manera negativa a las solicitudes del Presidente Evo Morales- la buena interpretación que dio la ciudadanía a nivel general por dicha respuesta, creyendo con ello que acciones como estas también podrían levantar el tan alicaído respaldo al gobierno.

Pese a ello, lo realizado contra estos tres jóvenes bolivianos fue tan desproporcionado, que develó las problemáticas de fondo que existen en las relaciones diplomáticas que está emprendiendo Chile en América Latina. Hoy más que nunca no debiera haber espacio para la duda en lo que respecta al potencial de unidad que tiene Nuestra América, y la necesidad que Chile no quede fuera de este impulso latinoamericanista que entiende a las relaciones internacionales no desde el plano del conflicto bélico, la defensa  e intereses comerciales, sino que por sobretodo en el plano de la solidaridad entre los pueblos y apoyo mutuo.

En cambio los contrabandistas, la policía chilena, la prensa y el gobierno nos han dado una cátedra de cómo se hacen las cosas en Chile; con presiones, con mentiras, con desproporción e incluso con ilegalidad, transformándonos en uno de esos vecinos que nadie quiere tener.

Favorablemente, en este entramado de malas intenciones el pueblo chileno fue sólo espectador; es de esperar que cuando llegue la hora en que seamos actores relevantes dictemos una cátedra nueva, donde el reconocimiento de pueblos hermanos que compartimos un mismo pasado nos permita construir también un mismo futuro. 

 

 

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